Antenas

ALMA tiene 66 antenas: cincuenta y cuatro de 12 metros de diámetro y doce de 7 metros de diámetro. El radiotelescopio combina las señales provenientes de cada una, funcionando como un interferómetro, es decir, un único telescopio gigante del tamaño del conjunto entero.

Con formas parabólicas perfectas, de una precisión equivalente a tan solo una fracción del espesor del cabello humano, las convierte en una de las antenas más exactas que existan en el mundo.

A diferencia de un telescopio que se construye y permanece en un mismo lugar, estas antenas son lo suficientemente sólidas para ser desplazadas entre diversas bases sin que sus mecanismos de alta precisión sufran daños. Esto puede ser posible gracias a los camiones transportadores, especialmente diseñados para estas antenas, que las reposicionan según las necesidades de observación que se requiera realizar.

Además, no necesitan estar protegidas por un domo o una cúpula. Si bien sus reflectores quedan expuestos a las condiciones extremas existentes a 5000 metros de altitud en el llano de Chajnantor, enfrentando fuertes vientos, temperaturas fluctuantes entre 20 y -20 grados Celsius, e incluso nieve, estas antenas están diseñadas para soportar todas estas condiciones.

Reflectores

La parte más visible de una antena es el reflector. Cada uno tiene la misma función que el espejo de un telescopio óptico: captar la radiación proveniente de objetos astronómicos distantes y dirigirla hacia un detector (Front End) que mide los niveles de dicha radiación. Lo que distingue a todos los telescopios es la longitud de onda de la radiación absorbida. La luz visible captada por los telescopios ópticos, con sus longitudes de onda de entre 380 y 750 nanómetros, constituye una pequeña fracción del espectro de radiación electromagnética. Cuando tenga todas sus bandas receptoras habilitadas, ALMA captará radiación proveniente del espacio en longitudes de onda más largas, de entre unos pocos cientos de micrómetros hasta aproximadamente 1 milímetro (cerca de mil veces más largas que las ondas de luz visible). Estas longitudes de onda se conocen, como es de suponer, como radiación milimétrica y submilimétrica, las que se pueden encontrar en el espectro electromagnético en las ondas de radio.

El hecho de que los reflectores de ALMA sean paneles metálicos y no espejos se debe a la longitud de onda para las que están diseñados. Las superficies reflectantes de cualquier telescopio deben ser prácticamente perfectas, ya que cualquier imperfección levemente superior a la longitud de onda que capta impide que la antena obtenga datos correctos. Como las antenas de ALMA detectan longitudes de onda más largas que las de la luz visible, con una precisión de hasta 25 micrómetros (mucho más fina que el espesor de una hoja de papel), no necesitan reflectores de espejo. Por lo tanto, aunque los reflectores de ALMA parezcan receptores satelitales gigantes, para un fotón con longitud de onda submilimétrica (partícula portadora de radiación electromagnética) son superficies reflectantes casi perfectas y muy precisas.

Por un lado las superficies de los reflectores son rigurosamente controladas y, por otro, las antenas pueden ser desplazadas y apuntadas con una precisión angular de 0,6 arcosegundos (un arcosegundo corresponde a 1/3.600 partes de un grado), suficiente para distinguir una pelota de golf a una distancia de 15 kilómetros.

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