Orígenes

Si bien, el comienzo de la construcción del observatorio data de 2004, ya dos décadas antes entre la comunidad científica mundial emerge la necesidad de contar con un radiotelescopio con las características de ALMA.

El proyecto comenzó con Europa, Norteamérica y Asia del Este planteándose cada uno en solitario generar un telescopio que pudiese recibir luz en longitudes de ondas milimétricas y submilimétricas en grandes magnitudes.

En el caso del Observatorio Radioastronómico Nacional (NRAO, por su sigla en inglés) de Estados Unidos, el proyecto se denominaba Millimeter Array (MMA) y contemplaba la construcción de 40 antenas de 8 metros de diámetro, que alcanzarían una ventana atmosférica de los 30 a los 350 GHz recibiendo longitudes de ondas milimétricas.

Centro de Apoyo a las Operaciones (OSF por sus siglas en inglés) – Septiembre de 2009. En primer plano, trabajadores están en el proceso de construir una base adicional para una antena frente al edificio técnico. En el fondo se aprecia una antena de Vertex y otra en el nivel más bajo, directamente delante del edificio técnico del OSF.
© ALMA (ESO/NAOJ/NRAO)

A su vez, el Observatorio Europeo Austral (ESO por su sigla en inglés) planificaba el Large Southern Array (LSA), cuya propuesta contemplaba la instalación de 50 antenas de 16 metros de diámetro, funcionando con frecuencias menores a los 350 GHz y recibiendo también longitudes de ondas milimétricas. Por último, el Observatorio Astronómico Nacional de Japón (NAOJ por su sigla en inglés) planteaban la construcción del Large Millimeter/Submillimeter Array (LMSA), que consideraba la misma cantidad de antenas que ESO, pero con un diámetro de 10 metros y, a diferencia del resto, buscaba recibir además longitudes de ondas submilimétricas.

Pero pronto  se  hizo  evidente  que  todos  estos ambiciosos  proyectos  difícilmente  podrían  realizarse  por  una  sola  comunidad  y  optaron por aunar esfuerzos.

Luego del diseño, uno de los factores más importantes para que este tipo de conjuntos radioastronómicos tenga éxito radica en el lugar donde se localizan. Lo anterior se debe a que las ondas de baja frecuencia son mejor recibidas a mayor altura y en un clima seco pues reducen la cantidad de ruido. A ello se suma que la superficie debe ser lo suficientemente amplia y plana para distribuir las antenas. Se exploraron varios lugares en Nuevo México, Hawái (Mauna-Kea), Francia (Meseta de Bure) y el norte de África. Sin embargo, ninguno de estos sitios pudo superar las condiciones que ofrecía el norte de Chile, específicamente el llano de Chajnantor , ubicado en medio del desierto de Atacama.

En 1995 los tres socios representados por NRAO, ESO y NAOJ realizaron pruebas en la planicie chilena, que resultaron positivas. Producto de ello, en 1999, Europa y Norteamérica firmaron un Memorándum de Entendimiento, y dos años más tarde en Tokio se suscribía la resolución que respaldaba la intención de construir el Atacama Large Millimeter/submillimeter Array (ALMA) entre Europa, Norteamérica y Japón.

A finales del 2003, luego de una serie de pruebas, se coloca la primera piedra  de lo que sería el radio observatorio más ambicioso de la Tierra.